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Domingo 27 de mayo de 2018

RSE y Publicidad: Mejor prevenir que lamentar

Por Felipe R. Casanova

Hoy los profesionales, empresas y marcas muchas veces pierden la noción de la influencia que puede llegar a generar su comunicación, gran cantidad tiene en primer plano esforzarse por mejorar cada año sus balances y optimizar ganancias, y está bien, ¿a quién no le gusta que la línea roja suba en los gráficos al término de cada semestre?, ¡pero cuidado! con un poco de sentido común puedes visualizar a largo plazo que esto pasará la cuenta.

No podemos hacer vista gorda de aquellos procesos, internos y externos, que van ocurriendo en relación a nuestra organización. Es simple, enmendar un error siempre lleva de la mano un gasto, sacrificio y tiempo adicional que pudiste haber ahorrado tomando con anticipación medidas estratégicas. “Mejor prevenir que lamentar”.

No es nuevo lo que digo, las estructuras empresariales y grandes gerentes llevan años llenándose la boca y bolsillos, con el típico discurso de saber anticiparse a los cambios y ser socialmente responsables. Lamentablemente muchas veces estos conceptos quedan solo en palabras y más que ejecutarlos aquello forma parte de una elaborada estrategia de percepción para sus propios Stakeholders.

Si queremos generar una diferencia en el esquema, se debe poseer una perspectiva de líder con objetivos concretos, compromiso social, decisión y flexibilidad a los cambios e improvisaciones. Suena lindo, pero ¿cómo hacerlo?, muy recomendable es generar una planificación inteligente y métodos de control eficientes para así garantizar la calidad comunicacional mientras dura el proceso hasta impactar al consumidor.

Muchas veces se expone que para generar relación con el usuario una forma directa es utilizar ciertos factores de la Publicidad, para algunos una herramienta extraordinaria con una misión y compromiso enorme con la sociedad, para otros el destino de lo que sobra del presupuesto anual.

Existen determinadas compañías que por su influencia deberían ser significativamente más cuidadosas con su comunicación (o falta de ella), el manto de responsabilidad nos pesa a todos. De esta forma, es trascendental la necesidad de proceder proactivamente, sin limitarse a la negativa frente a un problema y abordar los temas desde sus raíces. Es clave que las industrias, a todo nivel, mantenga el respeto hacia aquellos pilares que amparan la autorregulación del mismo medio publicitario: Legalidad – Veracidad - Lealtad comercial - Decencia.

En este contexto, la noción de responsabilidad social debe estar impresa desde los comienzos en la formación profesional, es parte elemental en el proceso publicitario y entrega de mensajes, esto va mucho más lejos de un capricho interno o el generar acciones con el fin de extrapolar el “somos correctos”, es una responsabilidad ética para fortalecer la credibilidad en la publicidad basada en argumentos sólidos con beneficios al consumidor, comunidades y la misma industria publicitaria.

Debemos tener claro que la publicidad es la vocera de las marcas y compañías, esta como tal debe escoger cuidadosamente lo que dice. Si no entrega toda la información, nos está engañando al omitir, pero si nos promete beneficios excesivos e irreales, lo más seguro es que nos genere desconfianza.

En pleno 2012, en donde lo instantáneo y la incesante mutabilidad de las cosas y escenarios son inevitables, lo que afecta los valores elementales, debemos hacernos preguntas sobre los dilemas y conductas éticas de la profesión. Aquellos que tienen que ver con la integridad, la honestidad y la responsabilidad. Además, qué importancia y lugar le dan hoy las instituciones educativas a la enseñanza de esta ética y la responsabilidad social, en especial, en las carreras de negocios.

No pasa por un tema de conservadurismo valórico sino más bien de recobrar la confianza en los mensajes publicitarios de las marcas y empresas en pro de beneficios mutuos.

No por nada las personas cambian de canal al iniciarse una tanda, evitan leer el correo o memo enviado por la empresa e incluso llegamos a tal nivel de desagrado y desconfianza que hemos eliminado de nuestra visual los banners y otros anuncios ubicados habitualmente en posiciones superiores y laterales al momento de ingresar a sitios web. Con la TV digital las personas verán aún menos publicidad tradicional. Si esto ya es así, qué queda para después?

Entonces, si la publicidad posee la capacidad de entregarles identidad a sus consumidores, debemos ser responsables y consientes en cuanto a las percepciones y apreciaciones que inducen nuestros mensajes. La misión no es simple, debemos replantear el camino por donde estamos dirigiendo la comunicación, sumándole nuestro rol profesional y qué tipo de sociedad estamos contribuyendo a formar con nuestra actividad.

 

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