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Domingo 24 de junio de 2018

Reputación, acción reacción y enseñanzas de los Social Media

Reputacin, accin reaccin y enseanzas de los Social Media
Vivimos en un momento en el que la exposición de la marca se ha transformado en el “reality” más seguido por el consumidor actual. Avanzamos por un ciclo en el que todos somos prosumidores y al amparo de la era solomo; clientes, aliados, proveedores, colaboradores. Nos encontramos interactuando de forma simultánea como proveedor de bienes y/o servicios y clientes vinculados a nuestras empresas y todo ello desde nuestro dispositivo móvil.

Vivimos un ciclo en el que el marketing subyace en cada una de nuestras acciones y en el que es en él en el que depositamos la confianza  cuando nos decidimos –como empresa- a la construcción nuestra imagen pública.

La presencia de las empresas en las redes sociales, en internet y sus medios digitales, desplaza totalmente a la publicidad tradicional – también en proceso de reinvención- logrando con ello que cada acción, mensaje, imagen, vídeo u opinión, vertida, se transforme en un “sello de la marca”.

El marketing subyace en cada una de nuestras acciones y con ellas, vamos construyendo nuestro branding, el que vinculamos a las empresas con las que nos desarrollamos y el que nos sirve de carta de presentación para acceder a las oportunidades que nos brinda una presencia comprometida, confiable y de calidad en la Internet del ciclo Solomo.

Y en éste momento tan vertiginoso, en éste ciclo en el que la empresa se ve obligada a sustentar nuevos cimientos sobre una base horizontal regulada centrada en la exaltación de la creatividad planificada, es que nos adentramos en un nuevo análisis del concepto reputación.

No es un tema menor que los sistemas económicos del viejo continente agonizan producto de décadas sustentadas en acciones carentes de ética y alejadas totalmente de los compromisos adquiridos.

No es tampoco baladí el hecho que, durante años, los consumidores han sufrido en silencio las atrocidades cometidas por las empresas y los incumplimientos contantes de los compromisos adquiridos sin que ninguno de los instrumentos pensados para su protección haya tenido un efecto tan rápido y eficiente como lo tienen hoy las redes sociales.

Si unimos todos los ingredientes anteriores y le añadimos la escasez de recursos de toda índole que invade el planeta, no podemos más que afirmar que la reputación hoy es quien nos entrega nuestro valor diferenciador.

Debemos aceptar e integrar dicho concepto a la persona que somos, más allá de cada acción, de cada clic, de cada estrategia, ya que nuestra reputación se conforma a través de nuestra experiencia, nuestro talento y la exposición constante de nuestro trabajo y trayectoria

Las empresas deben entender que lo que sucede cuando se produce una crisis es que se genera una incoherencia entre lo que decimos que somos y lo que hacemos en realidad, lo que deriva en una ruptura de las expectativas de los clientes y en una pérdida – en tiempo real- de la confianza hacia la empresa.

Toda acción y toda reacción, pone en marcha la máquina de las relaciones personales, es imperativo aceptar que sólo cuando hacemos bien las cosas, somos honestos, transparentes y éticos, nos mantenemos en el equilibrio adecuado para no sufrir los efectos derivados de la pérdida de reputación.

Los social media nos enseñan a construir lazos sólidos sustentados en la confianza, la palabra, la imagen, el audio, el vídeo, que mostramos en nuestras plataformas sociales, los mensajes con los que nos diferenciamos y buscamos impactar en nuestros clientes, aliados, seguidores y colaboradores, son “sentencia”, si no existe una coherencia, el equilibrio entre acción y reacción se romperá y nuestra estrategia de marketing fracasará llevándose con ella la reputación de nuestra marca, personal … y de empresa.

¡Cuidemos la reputación, hagamos bien las cosas!

Vivimos en un momento en el que la exposición de la marca se ha transformado en el “reality” más seguido por el consumidor actual. Avanzamos por un ciclo en el que todos somos prosumidores y al amparo de la era solomo; clientes, aliados, proveedores, colaboradores. Nos encontramos interactuando de forma simultánea como proveedor de bienes y/o servicios y clientes vinculados a nuestras empresas y todo ello desde nuestro dispositivo móvil.

Vivimos un ciclo en el que el marketing subyace en cada una de nuestras acciones y en el que es en él en el que depositamos la confianza  cuando nos decidimos –como empresa- a la construcción nuestra imagen pública.

La presencia de las empresas en las redes sociales, en internet y sus medios digitales, desplaza totalmente a la publicidad tradicional – también en proceso de reinvención- logrando con ello que cada acción, mensaje, imagen, vídeo u opinión, vertida, se transforme en un “sello de la marca”.

El marketing subyace en cada una de nuestras acciones y con ellas, vamos construyendo nuestro branding, el que vinculamos a las empresas con las que nos desarrollamos y el que nos sirve de carta de presentación para acceder a las oportunidades que nos brinda una presencia comprometida, confiable y de calidad en la Internet del ciclo Solomo.

Y en éste momento tan vertiginoso, en éste ciclo en el que la empresa se ve obligada a sustentar nuevos cimientos sobre una base horizontal regulada centrada en la exaltación de la creatividad planificada, es que nos adentramos en un nuevo análisis del concepto reputación.

No es un tema menor que los sistemas económicos del viejo continente agonizan producto de décadas sustentadas en acciones carentes de ética y alejadas totalmente de los compromisos adquiridos.

No es tampoco baladí el hecho que, durante años, los consumidores han sufrido en silencio las atrocidades cometidas por las empresas y los incumplimientos contantes de los compromisos adquiridos sin que ninguno de los instrumentos pensados para su protección haya tenido un efecto tan rápido y eficiente como lo tienen hoy las redes sociales.

Si unimos todos los ingredientes anteriores y le añadimos la escasez de recursos de toda índole que invade el planeta, no podemos más que afirmar que la reputación hoy es quien nos entrega nuestro valor diferenciador.

Debemos aceptar e integrar dicho concepto a la persona que somos, más allá de cada acción, de cada clic, de cada estrategia, ya que nuestra reputación se conforma a través de nuestra experiencia, nuestro talento y la exposición constante de nuestro trabajo y trayectoria

Las empresas deben entender que lo que sucede cuando se produce una crisis es que se genera una incoherencia entre lo que decimos que somos y lo que hacemos en realidad, lo que deriva en una ruptura de las expectativas de los clientes y en una pérdida – en tiempo real- de la confianza hacia la empresa.

Toda acción y toda reacción, pone en marcha la máquina de las relaciones personales, es imperativo aceptar que sólo cuando hacemos bien las cosas, somos honestos, transparentes y éticos, nos mantenemos en el equilibrio adecuado para no sufrir los efectos derivados de la pérdida de reputación.

Los social media nos enseñan a construir lazos sólidos sustentados en la confianza, la palabra, la imagen, el audio, el vídeo, que mostramos en nuestras plataformas sociales, los mensajes con los que nos diferenciamos y buscamos impactar en nuestros clientes, aliados, seguidores y colaboradores, son “sentencia”, si no existe una coherencia, el equilibrio entre acción y reacción se romperá y nuestra estrategia de marketing fracasará llevándose con ella la reputación de nuestra marca, personal … y de empresa.

¡Cuidemos la reputación, hagamos bien las cosas!

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