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Martes 17 de julio de 2018

¿Por qué cambiar si todo está bien?

Por qu cambiar si todo est bien?

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Lunes 20 de julio de 2009

¿Por qué cambiar de casa si en la que vivimos estamos cómodos? ¿Por qué cambiar de trabajo si en el que estamos nos sentimos bien pagados, reconocidos, valorados? ¿Por qué cambiar nuestra manera de relacionarnos como pareja si así estamos tan bien?

Si en definitiva todo está funcionando como corresponde, ¿para qué una nueva casa, un nuevo trabajo o inventar una nueva manera de relacionarnos?

A medida que pasan los años vamos acumulando múltiples experiencias: una buenas, otras no tanto y otras definitivamente malas. Y junto con eso vamos aprendiendo que cuando las cosas no están funcionando todo lo bien que queremos o cuando ya son toda una catástrofe, llega el momento innegable que debemos cambiar del todo o, al menos, hacer más de un ajuste.

Esto que pasa en la vida diaria de las personas también pasa en la de las empresas. Crisis, malos resultados financieros, serios problemas operacionales, poca o nula cultura organizacional. Todo esto y mucho más lleva a las compañías, grandes, medianas y pequeñas, a tomar decisiones respecto a cómo enfrentar el futuro. Obvio, lógico, natural, porque si no lo hacemos estamos destinados al fracaso, en al menos en alguna de los ámbitos que sostienen el negocio.

Sin embargo, ¿qué lleva a una compañía a querer cambiar cuando todo está funcionando como debe y así lo han querido sus equipos directivos? ¿Dónde se centran las miradas que hace que en un momento dado y, a pesar de los buenos resultados, una empresa decida volver a cambiar?

No hay ninguna fórmula en particular pero sí hay algunas cosas que podrían ser comunes a toda reflexión de cambio:

  • Cambiar en tiempos difíciles, de crisis, cuando las cosas no andan bien, es una necesidad, no una opción.
  • Es en los tiempos buenos en que pensamos con el mejor de los sentidos – el sentido común – ingrediente tan bueno como la mejor de las estrategias.
  • Es en los tiempos buenos cuando se está permitido soñar y esto – el soñar – es un lujo de las empresas que están, al menos, con su alma en paz.
  • La pasión del cambio cuando el horizonte es negro debe transformarse en prudencia para que no domine la frustración y se genere un derroche innecesario de energía. La pasión en tiempos buenos se transforma en una de las armas más positivas para estimular la creatividad, el ingenio y la visión futura del negocio para la construcción de los sueños.
  • El estado de ánimo de los ejecutivos en los buenos tiempos es tierra fértil para el trabajo en equipo, la innovación, el respeto mutuo y el desarrollo de una cultura organizacional estimulante y productiva. Quizás sólo el ego de unos y de otros debe mantenerse a raya tanto en los buenos como en los malos tiempos.
  • Cambiar en tiempos buenos no sólo es una oportunidad, debiera ser una obligación. Siempre se puede ser más eficiente, mejorar procesos, reestructurar áreas, fusionar roles y cargos, evaluar estrategias de marketing alternativas, entre muchas otras cosas. Qué mejor tiempo para hacerlo que cuando pareciera que no es necesario hacerlo.

Cambiar en medio de una crisis es adaptarse, de una u otra manera, igualar al resto. Cambiar en los buenos tiempos, cuando no hay una crisis de por medio, es innovar. Y esa definitivamente es la posición de aquel que quiere liderar el mundo en el que está inserto.


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