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Miércoles 21 de noviembre de 2018

Por amor a qué: Un redactor en busca de ayuda

Por amor a qu: Un redactor en busca de ayuda
Advertencia: Esta columna no va a cerrar con una moraleja. No vas a aprender nada nuevo, ni te va a cambiar la vida. Sólo representa lo que a un colega (o futuro colega) tuyo le está pasando por la cabecita, y que le gusta conversarlo con sus amigos. Y que hoy prueba por primera vez compartirlo con mucha más gente.

El mundo está diseñado de forma tal, que primero vas al jardín, luego a la escuela, y después hay que decidir qué vas estudiar o ponerse a trabajar. De los que elegimos estudiar publicidad, cada uno sabrá por qué lo hizo. Pero obviamente, esta columna nace de la inquietud de quien escribe… Y por ello, rescata un pensamiento que reposa en algún lugar de mi cabeza.

Por empezar, no puedo siquiera contar las veces que vi a amigos míos (hoy ingenieros, médicos, abogados, etc) estudiando para un examen final. Algunos los preparaban hasta 2 meses antes… Con ciclos de estudio de 8 horas diarias, cosa inimaginable para cualquier estudiante de publicidad. Luego, otra ventaja que sale claramente de los labios de mi madre: “no puedo creer que vayas a trabajar con esa pinta”. Claramente, la ventaja no es poder ir a trabajar con un agujero en el pantalón, sino la libertad que nos da nuestro “uniforme” y el ambiente que se vive dentro de una agencia, bien distinto al de un estudio de abogados. Es verdad que un guarda parques tiene más libertades que nosotros en ese aspecto, pero se vuelve una ventaja a la hora de que el nuestro no deja de ser un trabajo de oficina.

Hasta hace tiempo, tenía un pensamiento repetitivo en mi cabeza: la suerte de poder ganarme la vida haciendo lo que hago. Sin dudas me considero un afortunado. Porque después de todo, el tiempo pasa y si no trabajo, mañana no como. Entonces, qué mejor que una actividad que me ejercita la cabeza, que publica mi trabajo, que me da muchas libertades, que conserva cierto glamour, y sobretodo, que es divertida, para tener algo de comer mañana? Sin dudas me considero afortunado.

Elegí publicidad básicamente porque me gusta la comunicación. En materia de estudio, me gusta más la sociología; pero me parece que la publicidad tiene un sentido más práctico. Es decir, me apasiona la sociología y me encanta la forma de aplicarla que tiene la publicidad. A la larga, me apasiona transmitir un mensaje atractivo (aunque a veces no me salga) a la gente, para cumplir con los objetivos de alguien que pone la plata para que yo lo haga. Se podría decir que encontré mi lugar en este mundo que ya está diseñado de esta forma, y por suerte mi función no es intentar cambiarlo.

Pero últimamente, o más bien hace ya un tiempo, voy lidiando con un pensamiento que no me deja cumplir con mi función en paz.

Es verdad que es hermoso irse a casa habiendo hecho una linda campaña. Uno se va contento, hinchado de orgullo. Claro que al otro día recibiste la noticia de que no va a pasar nada con esa campaña, porque justamente tu cliente le tiene fobia a los globos, y la idea de tu campaña pasaba por un tipo que le tiene fobia a los globos. Pero no importa, porque al día siguiente hay una nueva oportunidad para irse a casa feliz. Y va a pasar algunos días y otros no, y luego va a pasar de nuevo. Pero hay algo que no cambia. Y es el trasfondo. Igual sigo haciendo publicidad para que el que pone las lucas venda más productos.

El Doctor estudió 13 años, pero en su día a día salva vidas. El Ingeniero estudió 7 años, pero en su día a día construye puentes. El abogado… Bueno, merece no una columna, sino un sitio entero. A lo que voy, es a que… Dónde debe buscar el publicista la motivación que evidentemente tiene el doctor? Supongo que por eso alguien inventó los festivales… Pero obviamente no llena el hueco; de hecho, se siguen inventando más festivales, más importantes. Y de última, sólo calmará el hambre de reconocimiento.

A veces te dicen que esta carrera es corta; que si no se hace rápido viene el estancamiento. Últimamente estaba pensando que no necesariamente es así. El apuro por ganar premios o plata, te hace creer eso. Pero por otro lado, me pregunto si dentro de pocos años, cuando las necesidades de satisfacción se conviertan de “día a día” en justamente “año a año”, no me cansaré de irme contento a casa por una campaña que sólo le servirá a una gran empresa para vender más.

La verdad es que no lo se y no pretendo saberlo… Sólo compartirlo. A ver si el pensamiento es tal, o nace de mi corta carrera. Pero con toda seguridad no soy el único al que en algún momento le pesó.

Ahorrémonos respuestas como “elegiste la profesión equivocada”. Si es por eso ya lo se. En realidad busco puntos de vista que hagan ver nuestra profesión con otra perspectiva; que le den un sentido nuevo, más allá del fin único que mueve al mundo (que ya está diseñado), que es la plata.

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