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Jueves 13 de diciembre de 2018

Lateral Thinking: El Valor de la "Ilógica" Para Construir Comunicación de Marca

Lateral Thinking: El Valor de la \
Aunque parezca una afirmación irracional e incluso gratuitamente subversiva, emplear la “ilógica” como ejercicio mental para generar un pié forzado sería como un pasaje a una nueva perspectiva que beneficiaría por sobre cualquier razonamiento puramente ortodoxo. Revisemos de que se trata y descubramos el valor que tiene un profesional de la publicidad que posee esta inestimable capacidad: hablamos del pensamiento lateral.

Provocando al cerebro


En términos sencillos el pensamiento lateral es descrito como un método para solucionar problemáticas de forma imaginativa.

Lo habitual sería iniciar la evaluación de un problema X desde un patrón natural y lógico para encontrar la solución más racional, eficiente y adecuada. No obstante mediante el PL provocamos al pensamiento para tomar caminos alternos, consiguiendo una visión desde diversos puntos de vista (tomar perspectiva ayuda a distinguir nuevas aristas), aplicando el imaginario y en conjunto con interpelaciones atingentes pero ilógicas que ayudarían a revelar nuevos caminos resolutivos, que desde el método tradicional no podríamos visualizar.

Esta capacidad, sea innata o entrenada, es de gran valor para la industria de la publicidad ya que facilita la aproximación entre argumentos racionales y creativos, permitiendo resultados tan innovadores como eficientes.

La importancia de tener claro LO QUE NO HAY QUE HACER


Un interesante rasgo de este tipo de pensamiento lo podríamos observar al interior de un grupo de profesionales que intenta resolver un problema; por ejemplo un equipo creativo durante un brainstorming scouteando conceptos para una determinada campaña.

Un lateral thinker buscaría un enfoque de discusión que desafié a la lógica usando el método de “abogado del diablo”. Luego de plantear algunas ideas conceptuales concretas (atisbos de soluciones) buscaría realizar contra-planteamientos que estimulen la discusión. Con imaginación y sin prejuicios abriría nuevos frentes arrojando ideas provocativas, usando analogías y buscando siempre romper el modelo de doctrina lógica o conservadora, para así evitar que la tormenta de ideas se estanque en la inhibición y como consecuencia adquiera una dinámica de escalada que logre llevar el problema a una salida de valor creativo.

Lo anterior inevitablemente nos hace especular acerca de que un buen lateral thinker no es quien concibe una idea creativa de forma unilateral, prodigiosa e instantánea, sino más bien es quien aboga por la búsqueda de diferentes vías alternativas, enfocado en deducir y poner en evidencia cual NO sería la mejor idea antes de preocuparse por entregar soluciones fugaces e individualistas.

¿En que niveles de nuestra agencia necesitamos un Lateral Thinker?


Seamos ambiciosos, lo ideal sería en todos los niveles. Pero volviendo a la realidad, al parecer este escaso personaje sería muy apreciado puntualmente en dos áreas:

Dirección creativa

En este nivel clave donde convergen la creatividad y la ejecución se agradece la capacidad de estimular con juicio, criterio y una cuota de genialidad. El atributo de ser inquisitivo, curioso, metódico e inspirador es esencial para sacar el mejor rendimiento al equipo.

Planning

Es el área táctica por excelencia y un LT aportaría con su habilidad para investigar, innovar y de pre-visualizar con un enfoque integrador.

La comprensión flexible de las problemáticas en este nivel es vital puesto que la relación del planner con los equipos creativos debe ser sinérgica y estimulante para conseguir amalgamar estrategia con creatividad.­

Es fundamental entender que el pensamiento lateral es una capacidad innata pero también puede ser un método adquirido. Según plantea Edward de Bono, escritor y psicólogo maltés que acuñó este concepto en la década de los 60’s, los individuos no solo deben conformarse con sus capacidades congénitas, sino que también es necesario entrenar el pensamiento intencional y explícitamente para contar con una variedad de herramientas cognitivas que cubran diferentes objetivos.

Ahora convendría preguntarse: ¿Qué tan lejos estoy de ser un lateral thinker?

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