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Viernes 22 de junio de 2018

La Retórica Chilena

La Retrica Chilena
¿Qué es lo que hace que a nuestros vecinos les salga tan natural contar historias, hacer cine, contar chistes o que el mismo comercial que viste hablado en argentino se sienta más natural que hablado en "chileno"?

Durante años hemos tratado de imitar el relato argentino. De mil maneras. Es como querer utilizar una suerte de fórmula con la que juguemos a ser más "cool" al enfrentar una idea y querer contarla. Al comienzo hicimos muchos intentos fallidos, hasta que nos avocamos a contratar directamente a los argentinos para hacer de puño y letra nuestras ideas tal cual las dirían ellos. No sé, al parecer, hablando así tendrías más posibilidades de ganar en Cannes. Lo mismo nos pasa con el fútbol. No sólo de los relatores locales que ya no se sabe si estás escuchando Fox Sports o CDF. Quizás trabajando con argentinos se nos pegue la retórica futbolística que tanto envidiamos y capaz que esa pelota no haya pegado en el palo años atrás.

Con el tiempo hemos aprendido a imitar casi a la perfección la retórica extranjera. Tanto, que cuando vemos algo bueno no lo valoramos por su originalidad, sino por lo bien hecha que está la imitación. "Qué bueno está esto, me recuerda a..." es el máximo piropo que uno podría decir de una pieza admirada.

Pero, ¿por qué nos pasa esto? ¿Cuál es realmente la retórica chilena? ¿Será que valoramos expresarnos como nosotros mismos sólo en sketches de humor, un meme de un jugador de fútbol o para una Cueca brava del 18?  La respuesta es simple y a la vez muy compleja.

Es porque vivimos en Chile. Según Maturana, uno es según dónde vive y habla según lo que uno es. Así de simple, así de complejo. Venimos de una genética ancestral ermitaña, íntima, introvertida, asilada. Por eso somos así, por eso hablamos o no hablamos así. Tras una pared de 5.000 kmts de largo, recién sacamos la cabeza para asomarnos al mundo. No gracias a Paulmann o a los Moais.

Somos el país de los contenidos, y contenidos en todo sentido. Estamos llenos de sentimientos sin ser expresados, llenos de emociones sin poder salir de nuestras bocas, llenos de lágrimas, de risas, de historias cargadas y recargadas de energía que claman por salir. Somos como volcanes tapados hace siglos. Por eso quizás tenemos buenos poetas o escritores, porque son formas procesadas de sacar lo que tenemos dentro. Por eso somos violentos, explotamos de pasión. Por eso somos solidarios, por no poder expresar eso que sentimos día a día, necesitamos que un aluvión o una Teletón nos dé una excusa para sacar de alguna manera tanto amor escondido. Por eso nos desnudamos con cero grados y nos volvemos locos en Plaza Italia. Por eso somos admiradores de lo honesto, lo verdadero. Porque de tanto imitar nos olvidamos de nosotros mismos y aplaudimos a todos los que nos recuerdan algo de quiénes éramos. Somos volcanes activos y nos aterra explotar, porque no sabemos hasta dónde llegará la lava. Preferimos apegarnos a las reglas, guardar silencio, seguir al papá que nos castigará si gritamos en la mesa. Mejor imitar fórmulas seguras que evite que nos miremos para adentro.

Sin embargo, ahora que estamos todos conectados y somos por fin parte del mundo, estamos conscientes de que algún día tendremos que contar todas esas historias que arden por salir. Y cuando sea nuestro momento ¿vamos estar preparados para hablar como nosotros mismos ante los miles de millones que estarán escuchando? Mejor no arriesgarse. Hagamos un lindo manifiesto tipo argentino y listo.

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