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Jueves 24 de mayo de 2018

"Ideas que revolucionan el mundo, en colaboración con los otros para el bienestar social"

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Por
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Viernes 4 de julio de 2014

La primera vez que experimenté lo bien que funcionaban servicios colaborativos, fue en un viaje a Francia cuando tomé un automóvil para trasladarme de Lorient a Nantes. Era un auto particular, manejado por una persona de mi mismo rango de edad, e iba acompañada de un amigo copiloto. Lo que teníamos en común los tres, es que íbamos al mismo lugar y a la misma hora, la diferencia es que yo no tenía cómo trasladarme. El beneficio: Pagué un viaje a un costo tres veces más económico que viajar sola, conocí a dos nuevas personas, nos entretuvimos con una interesante conversación y ayudamos a la descongestión. Hace exactamente tres años atrás fue mi primera experiencia en un auto compartido.

Después de esa experiencia de alguna manera muchas cosas en mi vida me hicieron sentido y concientizaron un estilo de vida al cual yo siempre había sido partidaria, pero desconocía que pudiese tener un nombre. Ya años anteriores habíamos organizado con amigos “trueques” de bienes y servicios, había participado en ferias libres y muy informalmente había practicado la lógica de “favor por favor”.

Este concepto se llama economía colaborativa y es la expresión de que la sociedad se está dando cuenta de las necesidades que se requieren al vivir en ciudades que crecen en términos poblacionales de forma desmesurada y las mejorías que ofrece tener una vida asociativa.

Sigo sosteniendo que para lograr ser parte de esta economía, lo primero es estar consciente del entorno, del otro. Personalmente por opción, combino los medios de transportes para trasladarme en la ciudad, en un día tomo taxis, colectivos, micro, metro. Y en más de una oportunidad he compartido taxis y autos privados con desconocidos. La primera reacción de los que son parte de mi círculo cercano es que estoy loca, que es un riesgo, que me expongo. Yo opero en bajo la lógica de la confianza y puedo además afirmar con ejemplos concretos y exitosos que mis mejores relaciones laborales y personales se han establecido con “desconocidos” porque justamente son personas que están fuera de mi círculo cercano, por lo tanto tienen una visión y manera distinta de entender el mundo.

Hablar de economía colaborativa para mí tiene mucho sentido, y se confirma cada vez que veo en los paraderos a decenas de personas esperando el transporte público, mientras cientos de automóviles van sólo con su conductor y al menos tres asientos libres. Y así se puede extender a distintos niveles y planos tan básicos como estar conciente de que el otro tiene algún conocimiento que yo no tengo, y viceversa, y qué mejor que ponerlo en común para la construcción.

La economía colaborativa es un concepto que me genera una sensación similar al de sustentabilidad, parecieran ser los salva vidas del capitalismo y globalización. Una nueva economía basada en la consciencia del otro y del entorno.

Probablemente lo que me podrían discutir algunos estudiosos en relación a estas nuevas prácticas es que son dinámicas que forman parte de la cultura neoliberal, ya que de alguna manera sigue ganando nuestro individualismo. Sin ánimos de entrar en una reflexión política, me parece importante, al menos, que se pueda aceptar y formalizar una nueva manera de entender el mundo.

En lo personal mi estilo de vida apoya y se desenvuelve en prácticas colaborativas, que por cierto la tecnología, en particular el Internet han permitido que sucedan. Por ejemplo mi oficina es un espacio de Co-work, transito libremente por los espacios de trabajo colaborativos de Urban Station, en donde comparto “mi oficina” con desconocidos, que también están en “sus oficinas”, pero cuando cerramos el computador miramos hacia el lado y hay un otro que si bien tiene algo en común conmigo por estar en ese mismo lugar, no necesariamente piensa como yo. Y es eso uno de los puntos que más destacado de los espacios de trabajo colectivo, que permite convivir la identidad individual con la identidad colectiva, es decir, puedo tener mi manera de pensar, mis ideales políticos, mi estilo de vestir, mis hábitos, pero comparto contigo, te acepto y colaboro.

El emprendimiento social utiliza bastante la frase “cambiemos el mundo”, y en favor a ello puedo decir que efectivamente el mundo en que vivimos depende de nosotros, de lo que hacemos y dejamos de hacer. Para finalizar sólo quiero rescatar la frase que escribió el profesor de la película “Cadena de Favores” en la pizarra “Piensa en una idea que pueda cambiar nuestro mundo y ponla en acción” y le agregaría a esta frase “En colaboración con los otros para el bienestar social”

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