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Martes 19 de noviembre de 2019

Emprendimiento femenino: Tenemos que dejar de hablar de desafíos y comenzar a enfocarnos en acciones

Emprendimiento femenino: Tenemos que dejar de hablar de desafos y comenzar a enfocarnos en acciones

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Miércoles 23 de abril de 2014

Mucho se está diciendo de Chile en materia de emprendimiento. Tanto así, que el país resalta entre uno de los mejores destinos de Latinoamérica para iniciar un nuevo negocio, y es cierto. Incluso expertos de Silicon Valley se han referido a Chile como un potencial núcleo regional para impulsar potentes proyectos de índole tecnológica al mundo.

La raíz de este posicionamiento tiene directa relevancia con las acciones gubernamentales y privadas que se han hecho en materia de emprendimiento en el país; sólo por mencionar un dato, durante el Gobierno de Sebastián Piñera se implementaron más de 250 mil nuevos emprendimientos. Lo importante es destacar que 65% de ellos son sustentados por mujeres. Chile vive una revolución emprendedora y como todo movimiento social está impactando a distintos entornos. Una de las principales razones porque Chile ha logrado ubicarse en este lugar es por su bajo riesgo macroeconómico y baja percepción de corrupción, ese escenario  favorece el surgimiento de autoempleos.

Sin embargo, cuando se verifica el origen del emprendimiento, especialmente femenino, nos encontramos con una realidad muy alejada del celebrity mundo start up. La cara real del emprendimiento de mujeres en el país es un atajo para superar la pobreza, para mejorar su calidad de vida y surgir. Según un estudio del Ministerio de Fomento, Economía y Turismo del 2013, el 59% de las mujeres declara haber iniciado el emprendimiento por “necesidad”, por lo tanto el imaginario colectivo que tenemos de la “Señora Juanita” elaborando pan amasado es más allá de una caricatura popular, es una realidad.

En términos educacionales, la mayoría de las mujeres emprendedoras tiene enseñanza media completa, entre 31 y 50 años, el principal sector económico de su emprendimiento son Alimentación y Artesanía.

Académicamente el término emprendimiento es discutido, según las escuelas de pensamiento y modelos económicos. Puntos de vistas que son respetados en base a sus respectivos argumentos, pero algo cierto que hay que destacar en cuanto al concepto de emprendimiento y toda su connotación político-económico-social es que ha logrado transformarse en un “título profesional”. Hoy decir ser emprendedor engloba muchas cosas, desde habilidades blandas a administración/gestión de negocios. Específicamente en el segmento femenino esta valoración del término ha logrado formalizar actividades que las mujeres hacían de manera regular. -Se considera como formal cuando tienen inicio de actividades en el Servicio de Impuestos Internos-. Del 2011 al 2013 aumentó este registro disminuyendo la informalidad de un 62% a un 52%.

El emprendimiento femenino es relevante, no sólo en términos productivos, sino por el efecto multiplicador sobre los entornos en donde están las mujeres. Debido a su ser más social y participativo provoca una ola de motivación y réplica, traduciéndose en un círculo virtuoso para todos los cercanos.

Ahora en materia de desafíos de aquí hacia adelante son muchos, el punto cero es justamente dejar de hablar de desafíos (pendientes) y comenzar a hablar de acciones concretas hacia el progreso exitoso de proyectos económicos liderados por mujeres. Si esas acciones las podemos enumerar, serían siete; primero hay que lograr llevar al emprendimiento femenino a una etapa superior de desarrollo, sobre todo en aquellos casos en que la mujer adopta esta actividad por la necesidad de mantener a su familia. Segundo mantener como objetivo equiparar los ingresos masculinos, los cuales en promedio son 4 veces superiores que los de las mujeres. Tercero facilitar la cotidianidad de las mujeres, en favor de sus proyectos, por ejemplo aumentando las salas cunas y jardines infantiles para que el tema del cuidado de los niños deje de ser un problema de la mujer. Cuarto, en el plano legislativo regularizar el régimen de sociedad conyugal, en donde mujeres separadas siguen estando obligadas a solicitar la autorización del marido en varios trámites que obstaculizan el desarrollo de sus emprendimientos. Quinto,  lograr que las mujeres se vinculen en rubros más dinámicos como tecnología, ciencia o minería, ya que en la actualidad los emprendimientos femeninos están concentrados en sectores menos productivos. Sexto, generar instancias para aumentar las redes profesionales e idear un mecanismo de entrega de información personalizada y por último si todo esto se tradujera en mayor empleo, recién podemos considerar el emprendimiento femenino como una real escalada al desarrollo de Chile.

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