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Jueves 13 de diciembre de 2018

El porqué el éxito de la película chilena Sin Filtro

El porqu el xito de la pelcula chilena Sin Filtro

  • La película chilena Sin Filtro arrasó en los cines, desplazando incluso a Starwars como la cinta más vista en su primer día en cartelera. Y es que los diversos trailers promocionales llamaron la atención de los espectadores, poniendo como tema de conversación la forma de comportarse de los chilenos y de qué manera moderamos nuestras opiniones y actitudes. Psicóloga de la Universidad del Pacífico analiza qué hay detrás de este fenómeno.


Pía es una mujer de 37 años, representada por la destacada actriz Paz Bascuñán, quien por diferentes circunstancias de su vida experimenta una angustia tal, que la lleva a participar de una terapia que la libera de ciertas amarras sociales, llevándola a comportamientos extremos, cercanos a la agresión, pero que la empoderan. Así, da vida a la película “Sin Filtro”. 

Para María Ester Buzzoni, secretaria de estudios de la escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico, una de las cosas interesantes del film es que hace pensar en los sistemas de regulación y control social en las interacciones, y en cuál es la función que tiene la censura en la sociabilización de los niños, en el sentido de enseñarles qué hacer y decir en ciertos contextos. “La película se pone ahí, en la situación de qué pasaría si te dieras el permiso para decir lo que se te da la gana en la cara del otro”, señala.

En la reflexión, la psicóloga experta en violencia de género destaca cómo la cinta plantea la idea de que hay sólo dos modos de comportarse socialmente. “Hay tipos de personalidad y estructuras que efectivamente son más pensamiento hablado e impulsivos y otros más autorregulados. Estos últimos son personas que han sido socializadas en un funcionamiento que tiene que ver con estar siempre leyendo a los otros en sus necesidades, incluso antes de que el otro se dé cuenta; son personas muy adaptadas y sobre adecuadas, que circulan por la vida haciendo desaparecer sus propias necesidades. La película instala la fantasía de que hay sólo estas dos realidades, sin embargo hay que entender que entre ambas hay miles de maneras de funcionar, en las cuales las personas tienen espacios en donde se les permite decir lo que piensan y en otros menos”, explica.

Desde la película, María Ester Buzzoni dice que también es posible recoger señales de actitudes propias de la cultura nacional, que nos diferencian de nuestros vecinos. “Los chilenos somos más inhibidos o hemos sido parte de una cultura en la que no se dicen las cosas de frente y en la que tenemos mala relación con el conflicto en general. Tenemos historia nacional donde el conflicto es complejo y donde no sabemos mucho qué hacer con él. Somos una sociedad bien miedosa, donde el distinto es más bien un enemigo o un otro que me puede hacer daño, al cual quiero hacer desaparecer. Somos bien polares como sociedad, entonces pasan estas cosas, donde la distancia entre lo privado y lo público es súper marcada”, indica.

Mujeres como Pía


Para la psicóloga de la Universidad del Pacífico, el que la protagonista de Sin Filtro sea una mujer, no es un tema menor. “No sería lo mismo si se tratara de un hombre, porque todavía en nuestra sociedad las mujeres somos socializadas con mucha más censura explosiva. No te digo con esto que los hombres no sean censurados en este tipo de modos de actuar, pero ellos son más censurados en otro espectro, como en su socialización de las expresiones de vulnerabilidad”, asegura.

En ese sentido, plantea que las mujeres son censuradas de expresarse en las dimensiones que tienen que ver con la rabia, pero también en lo que se relaciona a mostrarse o evidenciar el deseo, por ejemplo. “Aún se espera que la mujer deba comportarse como la ‘señorita que es’ y eso lo tenemos muy arraigado las mamás y los papás en relación a qué es lo que se espera de una mujer. Y de una mujer no se espera que diga cualquier cosa y en cualquier contexto. De una mujer se espera que esté a cargo de las relaciones. Si uno tratara de resumir de qué se trata la socialización de las mujeres en la cultura latinoamericana y en la occidental, es que haya ahí una persona que esté disponible para pensar en las necesidades de los otros y que, además, esté regulando su conducta de acuerdo a esas necesidades, que van desde la alimentación hasta la provisión de los cuidados psíquicos, mentales y emocionales”, comenta la docente de la U. del Pacífico.

Este contexto es el que explica que sea mal visto el hecho de que una mujer venga y diga lo que se le antoje. “Son mujeres que existen y que son marcadas como brujas o como conflictivas, como bravas o mujeres de temer, a diferencia de este mismo tipo de comportamiento en un hombre”, señala Buzzoni.

Pero, ¿qué pasaría si una mujer intentara comportarse diferente, fuera de lo esperado socialmente, tal como Pía en Sin Filtro? La psicóloga insiste en que lo que propone la película en ese sentido es una fantasía que no ayuda, porque es una visión dicotómica entre una mujer regulada y la mala. “A lo mejor, en un momento de su vida, uno puede decir todo lo que piensa y eso puede ser súper bueno, y también puede decidir guardarse todo lo que piensa y también puede ser súper bueno. Lo que a mí me parecería interesante es que la película propusiera y promoviera la apropiación del propio aparato psíquico, por decirlo de alguna manera. En donde uno fuera el que regulara lo que hay que decir o no, porque quiero decirlo y no porque esté prohibido ni censurado, y que lo saludable tenga que ver con ser dueño de eso. ¿Por qué una mujer no puede decir un garabato, o expresar deseo o proponer matrimonio? Ojalá pudiera decidir hacerlo o no en cuanto le sirva a sí misma y al que tiene al frente, pero que no sea una cosa del todo o nada, que es el rollo de la ficción, de la tele, de las películas y de los abordajes de los medios en general que ponen todo en dicotomía”, puntualiza.

Para la especialista, el film pone además sobre la mesa el tema de la agresión y el abuso, puesto que se puede inferir de algunas escenas que esta mujer aguanta el  no ser escuchada o ser “invisible” en algunas situaciones de la vida. “Esto habla de que las mujeres en Chile, en Latinoamérica y en África, siguen viviendo situaciones de abuso que son inaceptables y que están completamente normalizadas. Y esta escena -que muchos podrían discutir por qué hay abuso- tiene que ver con determinar cuándo se configura una situación abusiva, lo que va de la mano con las condiciones de poder desfavorables en la relación para uno de los integrantes de esa relación, y que además no tiene el poder para cambiarla. Cuando el poder para cambiar las condiciones de la relación las tiene otro, es complicado y ahí es imposible mover las condiciones de infelicidad de las mujeres si  no hay una red de soporte que lo permita, lo que sucede en muchas situaciones de abuso cotidiano que son invisibles”, aclara.

En estos casos, la psicóloga plantea que es necesario un alguien que acompañe a esa mujer y que deslegitimice ciertas expresiones violentas o abusivas, porque si no será muy difícil que eso se rompa. “Las mujeres estamos a cargo de la supervivencia de los sistemas vinculares, por lo que una mujer no va a romper una manera de funcionar de una familia sólo para estar bien ella. Las mujeres sacrifican muchos años de su vida y se separan cuando los hijos ya están grandes, o rompen condiciones de la relación de pareja cuando han sido empujadas por condiciones muy límites, como puede ser la violencia física o situaciones de descalificación más abiertamente graves. Pero las mujeres tienden como a normalizar y a desaparecer. Entonces lo que esta película está proponiendo, tal vez tiene que ver con que las mujeres puedan permitirse pensar en sus propias necesidades como alguien que también tiene derecho a existir”, analiza.

María Ester Buzzoni señala que hoy en día, a pesar de que llevamos 25 años con programas de intervención, 3 de cada 4 mujeres siguen respondiendo en las encuestas que sufren algún tipo de violencia en la pareja. “Es un fenómeno muy resistente y que descansa no sólo en el abuso, sino en una cultura que sigue socializando a las niñitas de una manera y a los niños de otra”, advierte.

Por ello, cree que es oportuno mencionar algunas cruzadas que ayudan a aumentar la sensibilización de los adultos respecto de la violencia de género, como es un video de la organización noruega sin fines de lucro Care, que promueve la no violencia contra las mujeres.

“Hay que desnormalizar las conversaciones sexistas. Se debe pensar el efecto que tiene en los niños pequeños ver a un papá o mamá que habla del cuerpo de las mujeres de una determinada manera o del modo de ser de las mujeres de una determinada forma y prestar atención a las señales que se dan con la normalización de las descalificaciones o de las devaluaciones que son súper sutiles. Esta normalización de la violencia verbal es el inicio de una violencia que puede llevar hasta la muerte. Los papás y mamás tenemos la responsabilidad de pensar y de estar atentos a las señales de convivencia entre los géneros, entre los sexos en los niños, pero también  de prestar atención a las señales que damos sobre lo femenino y lo masculino”, concluye la docente de la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico.

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