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Domingo 24 de junio de 2018

El locutor institucional compró la pauta

Por
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Lunes 13 de septiembre de 2010



Por Cristóbal Arteaga

Obvio, recurrente, repetitivo. Argentinizado por unos. Inglaterrizado por otros. Pero siempre con un elemento común: la monotonía.

¿Cuántas veces antes hemos visto este comercial? Lo único que cambia es el producto: cerveza, crédito, bencina, juguetes, planes de telefonía.

Lejos de ser original, el comercial del locutor institucional gana adeptos a pasos agigantados. Pero sería bueno testear la recordación. Yo tiendo a pensar que la gente no pone demasiada atención. Y como no pone demasiada atención, tiendo a pensar que mezcla en su cabeza a todos los locutores y arma su propio comercial, donde todo es claro, menos la marca que firma.

Es el señor locutor institucional de Chile, un tipo con una vida bastante monótona, que tiende a confundir, porque cree que la gente es igual de obvia que su discurso. A veces peca de soberbia, al creer que conoce el derecho y el revés de los consumidores, y otras al intentar un discurso grandilocuente totalmente fuera de lugar.  Una ferretería cambiando la mentalidad de Chile, una cerveza definiendo la chilenidad. Un no se qué apelando al optimismo post terremoto. Suena bien, pero un poco pretencioso.

Y es curioso que aparezca sólo en tiempos grandilocuentes. ¿Por qué no se encarga de los comerciales de ofertas en retail, o de los comerciales tácticos? ¡No!, sólo saca su voz cuando hay que golpear la mesa.

Yo tiendo a pensar que el problema de este señor locutor institucional tiene más que ver con el contenido que con la forma. Porque pareciera ser que sus pares extranjeros logran discursos bastante relevantes y emblemáticos. Únicos, atractivos y emotivos.

Pero acá el señor locutor institucional es como una conversación con un político viejo: te promete lo mismo que prometían hace 50 años. Te trata de usted, te repite las cosas y te hace poco o nada de caso.

Dan ganas que el señor locutor institucional coma más comida chatarra, tenga una vida sexual más activa y tenga alguna que otra juerga, a ver si se le pasa la gravedad y empieza a reírse un poco más. O si quiere, que se ponga serio y grandilocuente, pero eso es más difícil, porque tendría que hablar de cosas que no se han hablado.

En este Bicentenario propongo un brindis por el señor locutor institucional. Y por su seductora manera de unificar y monotonizar la tanda comercial.

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