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    Consejo para el éxito

Es muy fácil confundir al dato con el argumento. Y cuando las conversaciones tienden a navegar en aguas numéricas nunca se avanza, nunca se profundiza. Es bastante evidente en la plataforma política donde el desfile de porcentajes se toma las conversaciones y debates que dejan mareado hasta al más avezado de los astronautas. El tipo práctico es el inteligente, capaz, agudo, porque sabe de lo que habla, sabe los datos, tiene las estadísticas, maneja la cifra, el gallo sabe harto. En realidad, el gallo se disfraza con un traje de faramalla pero no da evidencia de análisis. El gallo político no habla de política, habla de números. Peor aún en el área de la economía, donde la cosa se pone dura porque se entiende poco. Somos los subordinados de ciertos índices que sagradamente deben estar dentro de los rangos sanos porque sino, nos podrimos y caemos en estados de catástrofes.

Claro, uno entiende que las herramientas servirán a los intelectos para mantener el buque a flote, pero sucede a mi gusto todo lo contrario, son los hombres que sirven a las herramientas y no importa cómo, hay que satisfacerlas. El Imacec está cerca de ser una deidad o por lo menos eso creerán civilizaciones que descubran nuestros restos. La cifra es mala y todos corremos, cuales habitantes de Springfield, con antorcha en mano a quemar a los pelotas incapaces que no han logrado mantener los números contenidos.

La publicidad no lo hace nada de mal. Yo mismo me entusiasmo revisando datos y estudios para entender a un pendex de 18 años, y en el mismo instante en que trato de hacerme un idea del proto-humano, él ya está haciendo otra cosa que va a ameritar un nuevo estudio, focus y gráficos de barras, y así sucesivamente siempre estamos un paso atrás, mil pasos atrás. Siempre buscando entender antes de hacer. Siempre siguiendo ciegamente a nuestro cerebro. Patéticos súbditos de la racionalidad. Y siguen pasando por encima nuestro todos los contenidos que no fueron pensados, en el sentido académico, máquinas de entretención, genialidades básicas y simples, bellas y complejas literalizaciones, sabiduría esencial. ¿Quién lo hizo? ¿Por qué? ¿Cómo? Ahí empezamos los técnicos con el análisis que nos llevará a replicar la novedad cuando ya no sea novedad.

No propongo trabajar sin fondo, sería una locura. Digo que somos víctimas de un ejército que reemplaza el fondo por ecuaciones y que esperan que las cosas se den por evidente análisis. Como lo dijo el señor Ford –Si le hubiera preguntado a la gente lo que querían, me habrían dicho caballos más rápidos– Una verdad tan simple que se vuelve a repetir una y otra vez. Preguntémosle a las personas que quieren y se lo damos. ¿Éxito? Puedo asegurar que nunca. Y no se trata de nuevamente tratar de medir ese éxito, se trata de hacer la diferencia. ¿Cuál es el éxito detrás de una campaña de la modelo de paso con una inversión de dos mil millones en medios? Cero. Es resultado, sí. Pero no éxito.

Propongo no mantener la calma. Juzgar las ideas con las tripas. Dejar que nos gusten y que calienten. Algo bueno tiene que resultar si te calienta. Y después de estar expuesto tanto tiempo a lo terrenal, la idea se va a dar intuitivamente. De forma natural. Leer todo lo que haya que leer. Hacer todos los estudios. Descifrar todos los gráficos. Pero la pregunta más importante de responder siempre va a ser ¿Y, por qué no?