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    El alto rendimiento implica descansar

John Steinbeck: “El arte del descanso es una parte del arte de trabajar”.

La creatividad sin duda alguna debería ser considerado como un deporte de alto rendimiento. Implica entrenar todos los días, trabajar la concentración, el liderazgo para situaciones de conflicto, saber triunfar con honor y levantarse en cada derrota. Como estamos asumiendo que la creatividad es como un deporte, también debemos considerar que implica minutos de descanso.

El cerebro nunca para de recibir información. La cantidad de estímulos que recibimos día a día es insolente, agresiva y poco filtrada. Varias veces he escuchado que el cerebro es como un computador, al que ingresa y sale información, “funciona como un disco duro” dicen algunos teóricos cuánticos con un IQ estratosférico y demoniaco. Puede ser, no sé, no me convence esa teoría, porque al computador entra lo que nosotros queremos que entre, tiene la gran ventaja de que podemos borrar archivos y tiene un antivirus que evita que entren elementos no deseados (o al menos te advierte que hay que tener cuidado con algunos). No, el cerebro no tiene esas bondades… ¿cuántas veces hemos dicho mierda, no quería ver eso…”?
Con lo que sí concuerdo, es que tanto el computador como el cerebro deben ser apagados para que reposen de su arduo trabajo diario. Pero, aun así y a diferencia de la máquina, el cerebro sigue funcionando, soñamos, tenemos pesadillas, incluso algunos llegan a la parálisis del sueño. No, el cerebro nunca descansa.

Es muy común, en los que vivimos de industrias creativas, que mientras dormimos, soñamos algo que tiene que ver con el trabajo, nos despertamos, anotamos la idea y volvemos a dormir como si nada. La libreta de apuntes en el velador puede salvar una jornada abrumadora.

Entonces la pregunta es: ¿cómo podemos hacer que el cerebro descanse? (destaco que hablo del cerebro desde el concepto “flujo de ideas”, no en materias como la Psicología o Neurología. En ningún caso haría eso, sería una falta de respeto y un insulto).

Frank Underwood (personaje principal de House of Cards), dijo algo como no podemos cambiar la física (mientras jugaba con un huevo negro), no podemos combatir contra una tormenta desatada (refiriéndose a la tendencia política del momento)…” y, en base a eso, Francis desarrolla su nueva estrategia para lograr su objetivo.

Pues bien, aquí es lo mismo. Si estamos viendo que el flujo de pensamientos no tiene descanso, no naveguemos contra la marea, démosle más información. Es momento de lateralizar el flujo de ideas para que así los pensamientos cambien de dirección.

Comencé a darle “un descanso” a mi flujo de pensamiento creativo como fuerza laboral, con otro flujo de ideas igual o más fuerte. Comencé a distraerme con otro tipo de contenido, contenido que no siempre me aporta al desarrollo por el cual vivo y respiro que es la redacción creativa.
En mi caso, me volví un fanático de Instagram, Tumblr, Twitter y Pinterest.

En Instagram veo imágenes, momentos, historias, pensamientos y escritos, algunos de gente muy cercana y otros de gente que nunca he visto en mi vida. El contenido entregado es enorme y cuando empiezo a ver cosas que no quería ver, la solución es simple “dejar de seguir”; tremenda solución. Ojalá la vida en sí tuviera un “dejar de seguir” ¿no?.

Tumblr es especial, creo que es la única red social donde las emociones y el sentir de las personas se transmite de tan buena forma. Veo mucha melancolía, mucho romance prohibido, muchas letras de canciones dedicadas con la esperanza de que, algún día, la otra persona la lea y, en gran parte, veo también muy buena fotografía; no desde el punto de vista técnico sino desde el mensaje que se quiere transmitir. Hay buen material ahí, sobre todo porque es random. Estarás navegando tranquilamente, pero no sabes con qué te encontrarás en la siguiente imagen.

En Twitter hay que ser un poco más… tolerante (?), no sé. Hay de todo, desde los que generan tuits” muy interesantes dignos de darles “RT”, hasta los que no aportan en nada, sólo reclamos e insultos vagos, sin justificación, gratuitos y con falta de ortografía.
Creo que el desahogo a flor de piel es lo que entrega esta red. Pero bien, Twitter es un soporte que te da mucha valentía y que, por lo mismo, saca lo mejor y lo peor de cada persona. Es muy honesto en ese sentido.

En Pinterest veo de todo: tendencia, moda, buenas fotos de cafeterías y comidas, etc. Mucho estímulo visual que me sirve para jugar y prepararme para cuando tenga que hacer algo relacionado con eso. Es un soporte limpio, aún no contaminado por esos bípedos repugnantes que matan Twitter.

Este es mi descanso, con estos 4 soportes estoy haciendo “descansar” mi cerebro pero sin dejar de trabajar, sin dejar de adquirir conocimiento, sólo estoy haciendo entrar ideas e insights que el día de mañana combatan fuego contra fuego con lo que entró sin pedir permiso a mi cabeza.

Este break que le doy a mi cerebro es a diario y cada 30 minutos quizás, es relativo, pero de que lo hago siempre, lo hago. Cuando hago esto no hay presión, no hay obligaciones, no hay timming, no hay brief.

Jamás en mi vida he logrado desarrollar algo interesante diciendo me voy a sentar a pensar. Y cuando lo he hecho es un fracaso horrible. Es más, este artículo lo escribí a ratos y demorándome mucho, revisándolo una y otra vez (para qué hablar de los cambios realizados). La gran idea siempre me sale cuando me desconecto de lo que estoy haciendo en ese momento, nace cuando voy caminando, cuando escucho música, cuando veo series. La gran idea es un chispazo que llega sin avisar, es casual por eso cuesta tanto repetirla, pero mientras a más momentos de desconexión me exponga, mayor es la posibilidad de que se me prenda la ampolleta.

Qué rico es cuando otros y “los otros” entienden esto. “Hay cosas para pensar y otras para ejecutar…” me repite constantemente Cesar o Fernando, mis directores en la agencia. Ellos entienden que hay cosas que se deben ejecutar rápidamente y no darle tanta vuelta. Y también entienden que hay cosas que son de trabajo más lento, para salir a caminar, desconectarme del escritorio y que esa idea brillante puede salir en el semáforo de la esquina o en la cafetería donde me arranque.

Como creativo de agencia, tengo un gran desafío (o realidad) que aceptar, y es que no soy un artista. No soy un escultor italiano que cuenta con 8 meses para entregar su obra (porque su cliente sabe y está educado respecto a los tiempos de ejecución de una alta obra). No soy un arquitecto inglés que cuenta con años para llevar a cabo un proyecto (porque su cliente sabe y está educado respecto a los tiempos de ejecución de otra alta obra). No, no soy artista, por lo mismo quienes trabajamos en el desarrollo de ideas publicitarias o gráficas debemos ejecutar con la misma calidad nuestro trabajo, independiente de que tengamos 2 horas o 3 semanas de plazo. (Yo creo que existen personas talentosas que pueden resolver el gran problema planteado en 5, 10 o 30 minutos de la misma forma que yo lo resolvería en 5 semanas ¡qué envidia!).

Todo esto suena bien, atractivo, lo pueden tomar o dejar. Pero vuelvo a insistir, yo no soy creativo como un Alejandro Aravena (arquitecto), un Felipe Soto Ros (publicista), un Juan Pablo Graca (ilustrador) o un Juan Pablo Fuentes (diseñador); creativos por raza, virtuosos de la creatividad, gente que resuelve cualquier tipo de problema comunicacional/visual sin mayor esfuerzo. Sólo transmito lo que veo, lo que vivo, lo que aprendo y lo que, hasta ahora, me ha dado pequeños resultados.

Como ven, todo lo que digo lo protejo con frases y experiencias de amigos, colegas y profesionales que admiro enormemente. Y eso pasa porque mi gran virtud es que yo no tengo miedo a escuchar al que es mejor que yo, aprendo mucho y por lo mismo me expongo a ellos, me gusta mucho escuchar viejos zorros.

La creatividad no es sólo crear cosas, también es saber escuchar e interpretar otras visiones, aunque muchas veces, no compartas la opinión. ¿Vieron el documental Abstract? De 10 capítulos, ninguno trata sobre algún publicista (espero sinceramente que la 2da temporada sí lo incluya). Pero aprendí y tomé lo mejor de un ilustrador, de un arquitecto, de un fotógrafo, de una diseñadora de escenarios; tomé lo mejor y lo peor de cada capítulo. Logré entender que hay vida creativa fuera de la Publicidad.

Así hago descansar mi imaginación, mis ideas, mi creatividad, mi cerebro. No soy el Dalai Lama como para poner en blanco mi mente, y esto fue lo primero que aprendí (y acepté). Si no puedo eliminar ese agotamiento mental, debo combatirlo, con la misma arma, pero de otro calibre. Es como una tina sin tapón, la misma cantidad de agua que entra con la llave corriendo, es la misma cantidad de agua que se va por la cañería para mantener el equilibrio. Esto me lo dijo el ingeniero comercial Fabián Biderman, gran profesor que tuve en la universidad.

Nicolás Landauro
es Director General Creativo en Grupo Primal Chile. Síguelo en Twitter e Instagram
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