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    Cómo evitar que el Big Data se convierta en “el ojo que todo lo ve”

Alguien lo sabe todo de nosotros. Si tenemos un teléfono móvil, una cuenta en redes sociales, un correo electrónico o un contacto de whatsapp, hay alguien -o algo- recabando datos de lo que comemos, los lugares por los que nos movemos, si hacemos ejercicio o cuál ha sido nuestra última compra on-line. Y, simultáneamente, todos pasamos cada vez más tiempo mirando fotos de gente en Instagram, geolocalizando nuestros rincones favoritos o recomendando canciones a amigos a través de Spotify. Nos movemos entre el temor al “gran hermano” y el exhibicionismo. Cualquier cosa puede ser relevante (desde un nuevo descubrimiento científico a la última receta elaborada con quinoa) y cualquier cosa puede ser insustancial. Discernir en qué categoría se coloca cada una y quién es el responsable de hacerlo es uno de los grandes temas que, aunque alejado del discurso cotidiano, puede marcar el futuro.

Recientemente el New York Times, en un artículo de opinión publicado a raíz de la elección del término “posverdad” (post-truth) como palabra del año 2016 por el diccionario de Oxford, reflexionaba acerca de la fiabilidad de los datos y de la información que aportan. “Los expertos y las agencias envueltos en la producción de datos se han multiplicado y muchos se pueden alquilar. Si quieres encontrar un experto dispuesto a respaldar un dato y tienes el suficiente dinero o influencia política probablemente puedas hacerlo (…) El problema es la sobreoferta de datos en el siglo XXI: hay demasiadas fuentes, ´demasiados métodos, con diferentes niveles de credibilidad, dependiendo de quién financió un determinado estudio y cómo seleccionó la muestra estadística”.

Ante semejante profusión de información, la que recibimos y la que compartimos (voluntaria o, en la mayoría de los casos, involuntariamente), debe entrar en juego una ética de los datos y un manejo inteligente de los mismos. Las posibilidades de las ciudades conectadas, los nuevos estudios médicos, las medidas para frenar el cambio climático… absolutamente todas las revoluciones tecnológicas que están a la vuelta de la esquina comparten la necesidad del big data como herramienta. Susan Eitlinger, analista en Altimeter Group, es una de las investigadoras más respetadas en el campo del big data. Sus trabajos se centran en el uso responsable de a información, su tratamiento riguroso y la privacidad de los datos generados por los usuarios y las compañías. Invitada por TED a una de sus conferencias, Eitlinger resumió su punto de vista en las palabras que Stan Lee escribió como guía moral de Spiderman: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Así, Eitlinger asegura que “si vamos a abrir el poder de los datos, no tenemos que ir a ciegas en la visión de Orwell de un futuro totalitario, o la visión de Huxley de uno trivial, o un horrible cóctel de ambos. Lo que tenemos que hacer es tratar al pensamiento crítico con respeto”. Un respeto que, partiendo de las instituciones y empresas, debe continuar por el conocimiento de los propios usuarios: tener claro qué compartimos, con quién lo hacemos y el uso que se dará a esa información.

Entrevista realizada en ‘Smart City Expo World Congress Barcelona’

Edición: JC Rodríguez | David Castañón
Texto: José L. Álvarez Cedena
Transcrito por: Susan Etlinger
Publicado en La Vanguardia.

Sebastián Labra
Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Fundador de La Otra Voz. Editor jefe de StarterDaily.
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