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    WOM y la victoria permanente de Kike Morandé

La campaña de WOM es una mierda. Parto así para que no haya lugar a dudas ni eufemismos. Y no es que no me guste, no es una cosa personal, es un hecho.

Estamos todos aquí, querámoslo o no, jugando (así lo decía Kubrick) a ser una sociedad. Es porque hay sospechas fundadas de que la definición de sociedad sea absolutamente inalcanzable, sociedad civil por supuesto. Solo logramos ser lo que queremos ser y nada más.

Y en este juego hay un regla básica; cada uno de nosotros tiene derechos y deberes. Derechos que exigimos y deberes que se nos exigen. Que no son únicamente los que están especificados en una constitución. Son tácitos, mínimos requisitos para la construcción de una cultura.

Resalto las palabras construcción y cultura. Porque lo que debemos ser primero que nada, es individuos capaces de aportar a nuestra sociedad, de hacerla crecer, dialogar, profundizar, cuestionar y bla bla bla.

Lo mínimo que podemos hacer como personas es, cada uno desde lo suyo, aportar. Y no jugar a ser sanguijuelas que se aprovechan de lo más fácil que tienen a su alcance, en este caso tetas, culos, chiste fácil y mucha plata.

Lo mínimo que podemos hacer es evitar –hacer cualquier cosa– para cumplir nuestros objetivos. Porque ahí es donde los tecnócratas te dicen “pero si ha sido un éxito”. Y eso duele, porque eso es de maricones que en realidad te están diciendo que venderían a sus madres si es que de eso dependiera su éxito.

El fin no justifica los medios. En publicidad es tan literal el sentido que parece una broma de mal gusto. WOM no tiene estrategia, tiene un fin, ganar. ¿Cómo? Con el más banal y facilista de los impactos. El que siempre va a estar, porque siempre van a existir los que quieran ganar fácilmente.

Juegos de palabras de bajo vuelo, fotos sugerentes con poca sugerencia, burla con poca sustancia, contingencia sin ser procesada ni masticada, etc. Así es difícil que falle. Que penca decirlo, pero es la verdad. Impacto solo por el impacto, sin idea ni ideal de fondo.

Irreverente no es. No hay que confundirse. Irreverente fue Benetton, todos lo conocemos. La irreverencia propone, destruye y propone al mismo tiempo. Libera de cierta forma. Pero quedarse con la formula de Kike Morandé de poner minas ricas y enanos, es de mediocres. Es el zorrón que habla bien fuerte para que todos lo escuchen. Ya todos lo escucharon, pero ¿Qué tiene que decir? Nada, o peor en realidad, solo imbecilidades. No aporta. Así se resume todo.

Tuve al respecto una discusión larga y apasionada con un gran amigo director. Este defendía la capacidad de poner sobre la mesa ciertos temas que parecen tabú en el contexto publicitario, y la verdad es que hay cierta razón en eso, una entrevista al director del diario El Mostrador destacaba el punto desde lo sociológico, pero no interviene en la forma y ahí es donde el naipe se cae estrepitosamente porque el senador Pizarro sale diciendo “Es burdo y poco imaginativo”, y tiene razón, no hay como rebatirlo, entonces peor aún, una marca que ha decidido provocar al “establishment” (perdón por lo siútico) tira a la basura esa posibilidad con ironías de poca monta.

WOM paga los platos rotos, porque son muchos los que se contentan con lo básico. En idea y en ejecución. Pero es el que más fuerte grita, es el líder de los mediocres. La verdad es que se puede discutir desde muchos lados, pero yo prefiero ser ortodoxo. No me quiero morir pensando en que no aporté en nada.

PD: Adjunto dos campañas para quienes quieran debatir sobre la irreverencia tocando el mismo tema.