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    La “inseguridad” del Internet de las Cosas

Este contenido es presentado por Omlis.

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Estamos viviendo en un mundo cada vez más conectado a la red, extendiéndose a una gran cantidad de productos cotidianos. Todo, desde sistemas de calefacción hasta aparatos de cocina o automóviles, se vinculan a la red para ofrecer servicios aún más personalizados, respondiendo de forma remota a las órdenes del usuario sin importar su localización.

El potencial del “Internet de Las Cosas” ha llevado a grandes empresas a interesarse por esta incipiente industria. Grandes corporaciones tales como Amazon y su asistente del hogar Alexa se han adentrado en el Internet de Las Cosas. Para asegurar el mejor servicio posible estos nuevos productos conectados recogen datos sobre el uso y preferencias de los usuarios, además de proporcionar una fuente de ingresos adicional para sus creadores. Un ejemplo cotidiano sería el registro de una cafetera en donde programamos las horas en las que queremos utilizarla, los cafés que queremos tomar y, en consecuencia, la cantidad necesaria. Sin embargo, a pesar de la comodidad que hemos ganado gracias al Internet de Las Cosas, todavía hay cuestiones por resolver.

“[Prevemos que] habrán 4.900 millones de productos conectados a Internet en el año 2015, un 30% más que en el año 2014, y llegará a los 25.000 millones de productos conectados para el año 2020.” – Gartner

Con un seguimiento constante de cada aspecto que realizamos en nuestras vidas, hay una necesidad apremiante para una seguridad contundente. La creciente preocupación de los usuarios por su seguridad aumenta a medida que se documentan cada vez más ataques a dispositivos conectados al Internet de Las Cosas, aproximadamente un ataque cada dos semanas.

Mientras que las entidades financieras son los objetivos más atacados, los ataques a empresas del sector sanitario no dejan de crecer. La primera generación de dispositivos conectados al Internet de Las Cosas centrados en el monitoreo de la salud y el progreso deportivo de sus usuarios convirtió a este tipo de empresas en un objetivo muy atractivo para los cibercriminales. El Internet de Las Cosas trae consigo una inseguridad en nuestra información personal altamente preocupante. En un futuro no muy lejano nuestro propio hogar puede convertirse en un objetivo valioso en donde un sólo fallo de seguridad podría dejar al descubierto nuestra información personal con sorprendente facilidad.

Ya ha habido numerosos ataques documentados contra dispositivos conectados a Internet e incluso a la industria automovilística. Un reciente artículo publicado por “Wired” describió cómo el sistema central informático de un Jeep Cherokee permitó a dos hackers hacerse cargo de los controles esenciales del vehículo (incluidos los frenos) de forma remota, un recordatorio espantoso de la importancia de una seguridad fiable y sin ningún tipo de brecha posible.

Estos riesgos se extienden también a dispositivos aparentemente infalibles, generando gran cantidad de fallos en la seguridad del usuario y permitiendo a los hackers entrar en la vida cotidiana de los usuarios a través de dispositivos tan aparentemente inofensivos como turbadores como los monitores para bebés, disponiendo de total autonomía de los monitores y convirtiéndolos en cámaras espía. En el momento actual en el que incluso su nevera no está a salvo de un ataque, se requiere una solución apta para cada dispositivo, con el propósito de facilitar el uso seguro del Internet de Las Cosas y todos sus beneficios.

“La multitud de posibilidades que ofrece el Internet de las cosas no puede ser subestimada. Sin embargo, para asegurar su continuo crecimiento y éxito, la necesidad de una seguridad efectiva es primordial.” – Markus Milsted, fundador y CEO de Omlis

Para proteger adecuadamente el Internet de Las Cosas, muchos desarrolladores están de acuerdo en que la estandarización de métodos de seguridad para el “IoT” (como el IPv6) ayudaría a agilizar la normalización en el uso de los productos conectados a internet y, así, cumplir los reglamentos para asegurar que se cumplan las normas de seguridad.

La gran cantidad de dispositivos que están comenzando a formar parte del Internet de Las Cosas se está convirtiendo en un rompecabezas legal, llegando a ser un problema de tal calibre que el FBI ha alertado sobre la falta de seguridad de los mismos.

La realidad es que el IoT requiere de una nueva infraestructura de seguridad en base a sus criterios técnicos, un factor que es crucial para el éxito de la plataforma. La importancia de estas cuestiones ha sido planteada por la Comisión Federal de Comercio (Federal Trade Commission) que están instando a las empresas a construir una seguridad específica para los dispositivos conectados al Internet de Las Cosas desde el principio, así como para garantizar unas normas de calidad internas y externas actualizadas, de manera que sean capaces de garantizar la seguridad de los productos y sus usuarios.

Otro método para reducir el riesgo sería la minimización responsable de recogida de datos; sopesar los posibles beneficios vs las amenazas a la información de los consumidores aunque, con la importancia del negocio de la información de los usuarios, la idea de que los usuarios renuncien a este tipo de negocios se torna, como mínimo, utópica.

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