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    Tips para mejorar el espacio laboral

Reflejos de luz que incomodan la vista, sonidos que distraen y colores de las paredes monótonos, se repiten más de lo que quisiéramos en los lugares de trabajo, pese a que son factores que inciden directamente en la productividad y calidad de vida de los trabajadores.

Así, algunas oficinas son muy oscuras, mientras que otras son muy luminosas. Ninguno de los extremos es favorable para los empleados, ya que los reflejos del sol o los computadores pueden ser molestos, mientras que la falta de luz podría adormecer las ganas de producir de las personas.

“La calidad de la luz debe ser siempre suficiente para garantizar un rendimiento visual adecuado a la tarea en cuestión. Un entorno luminoso adecuado mejora el estado de ánimo, produce alerta mental, aumenta las ganas de trabajar y estimula el buen humor”, indica el diseñador industrial y docente de la Escuela de Diseño de Interiores de la Universidad del Pacífico, Octavio Astorga.

Los reflejos y contrastes son uno de los mayores problemas que atentan contra el diseño ergonómico. “Se deben evitar deslumbramientos y reflejos molestos en la pantalla u otras superficies de trabajo. Por ejemplo, un error común es tener un excesivo contraste como el que ocurre entre las cubiertas oscuras y el papel blanco, ya que esto provoca fatiga visual y dificulta la concentración. Las superficies del mobiliario y otros elementos del puesto de trabajo debieran tener una terminación mate (no brillante) para evitar reflejos y deslumbramiento”, describe el experto.

Si puedes elegir dónde estará tu escritorio, nunca te sitúes cerca de una ventana que pueda provocar reflejos en el monitor de tu computador. “Se debieran disponer las estaciones de trabajo de tal manera que las ventanas no queden ubicadas detrás ni delante del monitor, ya que la luz de la ventana puede dar en el rostro del operador o producir reflejos molestos en el monitor. De no ser esto posible, se debe regular mediante persianas, cortinas u otro sistema, para mantener niveles de iluminación adecuados y uniformemente distribuidos. Estos mismos sistemas pueden además servir para provocar una adecuada ventilación y renovación del aire, sobre todo en recintos pequeños que son utilizados por muchas personas”, comenta el especialista.

Aunque en una oficina nunca hay un silencio absoluto, tampoco es bueno trabajar en una oficina donde lleguen excesivos ruidos y sonidos molestos que puedan distraer. “El confort acústico se logra cuando el nivel de ruido existente no afecta el desarrollo normal de las actividades de las personas, es decir, no provoca alteraciones al descanso, a la comunicación ni a la salud. Las paredes de materiales excesivamente lisos como cerámicas, porcelanatos y vidrio producen reverberación del sonido (eco) que contamina acústicamente el recinto. En términos generales, los materiales porosos absorben mejor las frecuencias agudas, mientras que la absorción de las frecuencias graves aumenta con el espesor del material. Si utilizamos superficies rugosas o de gran espesor, podemos evitar los efectos negativos de la reverberación del sonido y una adecuada absorción acústica”, recomienda Astorga, Diplomado en Arquitectura Sustentable.

Finalmente, el color de las paredes de la oficina también influye en el estado de ánimo y disposición para el trabajo. “Para prevenir la monotonía, el uso de los colores del recinto debería adecuarse en función de las actividades que se llevan a cabo en los distintos sectores. Un equilibrio adecuado de colores, materiales y texturas puede proporcionar el tipo de estímulo sensorial que necesitamos para ser más activos y productivos en el trabajo. Ambientes con colores claros e iluminación fría pueden subir la productividad en trabajos que requieren tranquilidad y una alta concentración. Por su parte, ambientes claros con colores estimulantes pueden subir la productividad en trabajos que requieren dinamismo, creatividad y confianza”, concluye Octavio Astorga, académico de Diseño de Interiores de la Universidad del Pacífico.