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    Cómo aprovechar las nuevas tecnologías en la educación

Es un hecho: la antigua fórmula de hacer clases, donde el profesor dicta cátedra y los alumnos escuchan, quedó obsoleta. Hoy los académicos enfrentan el desafío de tener que innovar para afrontar los retos que impone enseñarle a una nueva generación full digital, que no concibe la idea de un mundo no conectado.

¿Cómo enfrentar la educación frente a este nuevo tipo de estudiantes? Fue parte de lo que analizó el Núcleo Académico Media Garaje de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad del Pacífico en el seminario sobre el Modelo STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés), que plantea una nueva manera de abordar la formación y educación con una mirada de futuro.

En su charla “Nuevos Alumnos: Nuevos Usuarios de Tecnologías para el Aprendizaje”, el director de la Escuela de Comunicación Digital y Multimedia de la Universidad del Pacífico, Guillermo Bustamante, señaló que hoy, a la hora de hacer clases, los profesores enfrentan a un nuevo alumno que tiene ciertas diferencias en cómo ellos y sus padres usan y acceden a la tecnología, partiendo por la realidad del uso de smartphones, con cifras por sobre lo recomendado, que generan una problemática al interior de la clase y en el cómo poder controlar su uso.

Para el periodista y académico, especialista en Estrategias Digitales, lo importante es cómo involucramos la tecnología en el proceso de enseñanza aprendizaje. “No sacamos nada con tener todos los computadores y teléfonos encendidos en la sala, si no son útiles en este proceso. No por tener más tecnología el proceso será mejor. Acá hablamos del aprendizaje significativo, es decir, de cuándo este joven logra aprender más. Y acá entran los espacios donde este usuario está más proclive a recibir contenido e información y a poder vincular de mejor manera y hacer muchos más links de contenido del que tiene”, aclara.

Claves: burbujas de ocio y micropausas

El especialista digital afirma que la clave está en saber aprovechar estos espacios que tienen que ver con las burbujas de ocio y de las micropausas. “Son dos elementos que tenemos que conjugar a diario cuando intentamos hacer clases y tratamos de contactar a nuestros estudiantes y explicarles algo. Y básicamente tiene que ver con cómo ellos se mueven y entienden su relación con la tecnología y cómo ellos entienden su relación con el conocimiento”, dice.

Pero, ¿qué son las burbujas de ocio? Son básicamente esos tiempos muertos que se producen cuando transitamos entre los tres espacios en los que se mueve todo ser humano: el cultural mediático, el sistema productivo (trabajo o sala de clases) y el sistema social. “Pasamos por burbujas de ocio, por ejemplo, cuando llego al paradero de la micro. Estoy ahí con mi teléfono celular y puedo usarlo para algo que me ayude, me dé contexto y me favorezca en mi proceso de enseñanza aprendizaje. Que es lo mismo que me pasa cuando espero la comida en un restaurant, en la sala de espera del doctor, o cuando empieza la película y dan los créditos. Ahí es donde me sirve la información de contexto”, indica el director de la Escuela de Comunicación Digital y Multimedia de la U. del Pacífico.

Entonces el desafío es aprovechar las burbujas de ocio de los estudiantes. “Entendiendo que el aprendizaje es un continuo y que no tiene que ver con el tiempo que dedican al trabajo en la sala. Y no sólo hablamos del teléfono, sino de cualquier dispositivo. Ahí es donde las burbujas y la información de contexto bien usada a nivel de educación puede permitir que el estudiante aprenda bajo la metodología de STEM, de aplicación de tecnología, ciencia, ingeniería y matemáticas. Por ejemplo, podría calcular cuánto se demora en pasar una micro y proyectarlo desde su teléfono, o grabar un video y hacerlo en cámara rápida; ver cuánta gente anda igual o cuántos usan zapatos; o mirar una serie de Netflix y extraer cierta realidad de la cual pueda problematizar después y usarla para su proyecto”, ilustra.

En tanto, las micropausas tienen que ver con cómo vamos saltando de un lugar a otro, en esos tres espacios en los que nos movemos. “Por ejemplo, cuando estamos en el sistema productivo y tomamos nuestro teléfono, al mirar las notificaciones hacemos un salto al sistema social, en donde tenemos otros espacios de relaciones y otros códigos comunes de relación. ¿Cuál es el desafío en este espacio? Aprovechar la micropausa; aprovechar que este usuario y que este estudiante saltó y se fue de mi clase (se puede dar al revés, en familia y saltar del sistema social al productivo). Ahí la tecnología pasa a ser un factor que hace la diferenciación y que genera cambios en el proceso de enseñanza aprendizaje”, asegura Bustamante.

Sin embargo, aclara que entender estos conceptos tiene que ver más con comprender fenómenos sociales y cómo de alguna manera nos hemos relacionado siempre los seres humanos, más que por la cercanía o no de la tecnología que tengamos enfrente.

“Cuando estaba en el colegio y alguien me interrumpía, por ejemplo invitándome para jugar a la pelota, ya estaba en micropausa, porque saltaba de un lugar a otro. Por eso el llamado acá es a no demonizar la tecnología, porque la micropausa la voy a hacer igual, saltando del espacio productivo al social o viceversa, ya sea porque me mandaron un whatspp o porque mi compañero de la otra esquina escribió en un papelito y me lo mandó, lo que llamo el chat del 88. Acá estamos hablando de que hay fenómenos sociales a los cuales les estamos incorporando tecnología, por lo tanto lo que tenemos que ver es cómo nosotros nos hacemos cargo de estos cambios de pensamiento y de cultura de la sociedad”, sentencia.

En este sentido, el experto señala que “las micropausas son un mal necesario, pero en la medida justa. Mientras las sepamos aprovechar y sepamos integrar el proceso de enseñanza aprendizaje, vamos a tener un ciclo cerrado”, precisa.

Acá lo fundamental es discriminar la relevancia de la interrupción. “El estudiante no necesariamente contestará todo o verá el video que le llegó. Lo importante es que si mira el video, ese video pase a formar parte del proceso enseñanza aprendizaje. Entonces el punto es cómo hacemos un link entre el video que le llegó al alumno, que puede ser de cualquier cosa, con el contenido que estamos entregando. Y acá está el rol del profesor como mediador para la solución entre problemas”, acota.

El especialista indica que esta forma de abordar la educación habla de que el proceso de enseñanza aprendizaje es un continuo y que además no es lineal. “No es algo que aprenda paso a paso, secuencia a secuencia. Puedo ir saltando, devolviéndome, reaprendiendo y reescribiendo todo lo que obtuve”, concluye el director de la Escuela de Comunicación Digital y Multimedia de la Universidad del Pacífico.

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