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    Las 3 claves para ser el Publicista más deseado

Redacción y análisis: Cristhián Letelier, Director de cuentas DAf · Investigación: Aileen Bustos Valencia, Psicóloga laboral proyecto We Love Talent.

Parecen ser tiempos difíciles para consolidar la estabilidad en publicidad. Los altos índices de itinerancia laboral (patrón de conducta de un profesional en términos de prevalencia en un mismo puesto y/o organización) es un fenómeno que responde a factores que van desde la inestabilidad de los modelos de negocio de las agencias, hasta hábitos adquiridos por deformación de la cultura profesional entre publicistas y marketers, quienes parecieran anhelar un trabajo perfecto que nunca encontrarán.
Sea cual sea el trigger que desata este fenómeno, en esta columna individualizaremos 3 aspectos críticos para consolidar una reputación profesional positiva en el actual escenario de la publicidad.

Sea autónomo.

“Aquella capacidad para actuar a criterio sin la dependencia de otros.”
La autonomía es una competencia que particularmente es muy apreciada en publicidad, dado que en esta industria el tiempo es un recurso extremadamente escaso.
La autonomía permite que el flujo de trabajo cobre mayor dinamismo, al tomar pequeñas decisiones supeditadas a un criterio general (que por defecto debemos manejar) cada proceso se torna más expedito.
La gracia para hacer que esta autonomía sea eficaz dependerá exclusivamente del grado de comprensión que tengamos sobre los criterios que rigen el desarrollo de las diferentes actividades, algo que claramente demanda un esfuerzo adicional.
Además la capacidad de análisis juega un rol fundamental, ya que en ausencia de un criterio formado, se activan mecanismos analíticos para resolver, sin la ayuda de otros.
Si lo anterior no los convence, podemos afirmar que la autonomía es uno de las competencias que hace posible el crecimiento al interior de una organización, puesto que esta capacidad de resolución en solitario es un rasgo predominante de liderazgo.
Quienes son capaces de desenvolverse con cierto grado de independencia son quienes no tienen miedo a equivocarse, son quienes fácilmente se empapan y apropian de la línea editorial demostrando no ser solo ejecutores.
El profesional autónomo proyecta seguridad y solvencia, algo que no dejará indiferente a un reclutador o directivo de agencia.

Implíquese con la organización

La implicancia es un estado de alto interés, compromiso e involucramiento. No la identificamos como una competencia sino más bien como una actitud.
Un alto grado de implicancia vendría a ser aquella actitud de interés y compromiso donde el “implicado” se considera parte integral de la organización, entendiendo que desde los triunfos hasta las derrotas él tiene un grado de responsabilidad.
Para comprender mejor esta actitud el termino coloquial “con la camiseta puesta” resume en parte que se trata de una vocación de responsabilidad por el destino de la organización.
Si viene cierto el grado de implicancia depende en gran medida de las motivaciones que despierta la misma organización en sus colaboradores, el sentido del deber en el profesional marca también una predisposición a implicarse, de forma activa o crítica.
En el peor de los casos, si se trabaja para una agencia “poco estimulante”, la implicancia puede adoptar la forma crítico-constructiva, donde el profesional, en vez de juzgar las imperfecciones o defectos de sus líderes o políticas de trabajo, puede tomar un rol pro positivo, proponiendo cambios o mejoras activamente.
Sea cual sea la forma en que se manifieste, la implicancia es una actitud que puede cultivarse, pero el primer paso es tener voluntad para hacerlo.

Erradique la autocomplacencia

La tercera y más difícil. La autocomplacencia es lo contrario a la autocrítica. Es aquel sentimiento de satisfacción por la propia manera de ser o actuar. Es el día a día de una agencia es creer que lo que haces y como lo haces cumple “bien” porque sencillamente a tu criterio está muy bien hecho.
La autocomplacencia es un fenómeno muy presente en el ámbito publicitario dada la competitividad, el ambiente de incertidumbre y particularmente porque se trata de una disciplina muy interpretativa y abierta. Por cultura las opiniones sobrepasan las certezas y es aquí donde mecanismos como el ego hacen su mejor despliegue para imponer ideas desde la razón individualista.
Frases frecuentes tales como: “no estoy de acuerdo contigo, yo creo que está bastante bien esta propuesta”, “en mi opinión todo funciona perfecto”, “yo hice lo que el brief decía”, “yo creo que el cliente no sabe nada” suelen ser una sintomatología de que la autocomplacencia está haciendo su trabajo.
La autocrítica, su antagonista, vendría a convertirse en el mejor antídoto, no obstante esta actitud requiere de una gran madurez y voluntad de mejora continua para que aflore.
El mejor ejercicio para cultivar autocrítica es cuestionar cada acción, con sentido de abstracción tomar distancia y erosionar mis propias decisiones hasta blindarlas. De esta forma mis opiniones subjetivas pasan a ganar un espacio en las certezas objetivas.

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